El color de un vehículo puede influir en su valor de reventa y en el tiempo que permanece disponible antes de encontrar comprador, ya que algunas tonalidades tienen mayor demanda en el mercado.
Un estudio de iSeeCars, basado en más de 1.2 millones de unidades usadas de tres años de antigüedad, encontró una pérdida promedio de 31% respecto al precio original, aunque la depreciación varía según el color.
De acuerdo con este análisis, colores menos comunes, como naranja y amarillo, registraron una depreciación cercana al 24% debido a su menor disponibilidad. En contraste, los colores neutros pueden perder más valor, pero su mayor aceptación podría facilitar una venta más ágil.