Las proyecciones para Estados Unidos sugieren un "aterrizaje suave" o inclusive un escenario de "no aterrizaje", fundamentado en una economía resiliente gracias a la inversión en capital (Capex) dirigida a la inteligencia artificial, lo cual tiene el potencial de incrementar el PIB y la productividad en el largo plazo. No obstante, factores como la persistencia en los costos de vivienda y servicios, sumados a tensiones geopolíticas en Medio Oriente, podrían mantener la inflación elevada en el horizonte cercano. Bajo este contexto, se prevé que la Reserva Federal adopte una postura restrictiva por más tiempo, conservando las tasas de interés actuales y disminuyendo las expectativas de recortes para lo que resta del año.
Por otro lado, México enfrenta un escenario más complejo, definido por un estancamiento en la actividad económica y ajustes a la baja en las expectativas de inversión. La persistente rigidez de la inflación subyacente, junto con presiones en precios energéticos y agropecuarios por causas climáticas, complican el panorama. Por consiguiente, se anticipa que el Banco de México detenga su ciclo de relajación y mantenga su tasa de referencia estable por un periodo extendido. Asimismo, la fragilidad de las finanzas públicas, el déficit fiscal y la situación de Pemex generan preocupaciones sobre la sostenibilidad del grado de inversión hacia el año 2027.
Ante este entorno, la tesis de inversión se enfoca en la gestión táctica del riesgo y en maximizar la rentabilidad por acarreo (carry). En el ámbito global, se opta por una posición neutral en duración para bonos estadounidenses y una sobre ponderación en crédito corporativo de alta calidad, dada la volatilidad reinante. Localmente, se detecta una valoración inadecuada (mispricing) en la curva mexicana, que descuenta incrementos de tasas poco probables. En consecuencia, la recomendación es sobre ponderar los nodos de 2 a 5 años de la curva local, buscando capturar las atractivas primas de riesgo que compensan la incertidumbre geopolítica y fiscal vigente.