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La renta variable, un activo siempre necesario en cualquier portafolio de inversión

20 ago 2021

Rodrigo Barajas Pallares

Es justo decir que cada vez son más los mexicanos que han ido aprendido sobre el tema de inversión en valores de renta variable gracias a los esfuerzos en materia de educación financiera vigente en los diferentes niveles de escolaridad al alcance, pero también por las diferentes iniciativas que todas las instituciones financieras, funcionarios dedicados y autoridades gubernamentales han emprendido para poner al alcance de todos cualquier cantidad de herramientas que van desde cursos, materiales, webinars, videos, documentos y todo tipo de publicaciones en redes sociales, blogs y muchos más, permitiendo comprender mejor e ir y aceptando los riesgos inherentes a estos tipos de activos.

Con el paso de los años, se han ido admitiendo en el manejo de los ahorros e inversiones desde diferentes canales, por ejemplo, hoy la mayoría de las personas son poseedoras de alguna posición la cual es definida por quienes administran los fondos para el retiro (AFORES). 

Sin embargo, a la hora de decidir invertir en capitales, la realidad es todavía incipiente. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), en el mercado de fondos de inversión, al mes de julio, sólo el 12.5% de los clientes invierten en renta variable, el cuál es un dato muy limitado, si se toma en cuenta algunas razones importantes para pensar en tener una posición adicional en este tipo de activos.

Cuestión aparte, pero igualmente importante, es que hoy en México no solo las personas físicas, también las empresas y entidades públicas han decidido incluir activos de renta variable en la administración de sus excedentes de tesorería y/o a sus reservas, siendo claros en el porcentaje a destinar en estos mercados.  

Actualmente, y desde la óptica del público inversionista, la tasa de referencia de Banco de México al 4.50% (al 12 de agosto de 2021) y la inflación de julio al 5.81%, lleva a reflexionar si es conveniente sólo mantener inversiones sobre valores de deuda, y si éstos permitirían mantener el poder adquisitivo de los ahorros más allá de obtener un rendimiento real que sea positivo en el corto plazo, y es que, invertir en valores de deuda también conlleva conocer los riesgos inherentes a este tipo de activos.

Si se consideran las condiciones de la economía mexicana, con datos moderadamente optimistas que apuntan a una recuperación apalancada por el crecimiento en Estados Unidos, incluso, luego del recorrido que ya ha tenido a lo largo del año, el espacio que aún presenta hacia adelante y con una visión siempre necesaria de mantener una posición a largo plazo (por lo menos un año), se tendría una alternativa de inversión importante. 

Hay que tomar en cuenta que el resto del mundo también presenta condiciones y oportunidades en activos de renta variable que van en línea con el regreso a las actividades a nivel global, los efectos positivos de corto y mediano plazo de los estímulos fiscales que los gobiernos han hecho para fortalecer y soportar sus economías.

Igualmente, hay que dar un vistazo a las empresas que luego de muchos esfuerzos y sacrificios al reestructurar sus estrategias comerciales y adaptarse a las nuevas condiciones para acercar sus productos a sus clientes, terminarán con posiciones privilegiadas respecto a sus competidores.

Desde luego prevalecen riesgos importantes, puntualmente en México, la actual tercera ola de contagios ante la presencia de la variante Delta del covid-19, el proceso de vacunación que todavía no permite a la población alcanzar la inmunidad de rebaño y el incremento de la movilidad, obligan a ser cautos en la selección de activos.

Respecto a la resistencia al riesgo que prevalece para el público inversionista menos convencido, es válido repasar los efectos de los eventos económicos más difíciles que han impactado a los mercados financieros y el tiempo en que se han recuperado. Por citar los dos más relevantes en los últimos 15 años han sido la crisis inmobiliaria del 2008 y la pandemia que se vive actualmente; ambas con situaciones distintas, pero que finalmente han sacudido al mundo y a los inversionistas. Sin embargo, el camino de la recuperación ha ocurrido, en el primer caso, en un lapso de cuatro años, pero en el caso de la pandemia que se vive desde el año pasado a la fecha, en sólo unos cuantos meses, los índices más importantes no sólo han ido borrando las pérdidas, también han presentado ganancias históricas.

Entonces, ante escenarios realmente complicados y lamentables, la inversión en capitales ha demostrado resiliencia y oportunidades. La manera de abordarlo, bajo los principios fundamentales que los inversionistas sin importar el tamaño de sus recursos deben seguir es la diversificación, tanto en geografías como en sectores, tanto en divisas como en tipo de activos (deuda y renta variable) y con una visión de mediano a largo plazo.

Actualmente existen diferentes instrumentos a los que se pueden acceder con montos menores para invertir en este tipo de activos. Aquellos que ofrecen la posibilidad de incursionar en estrategias bien fundamentadas, con una buena diversificación y, por lo tanto, mitigando los riesgos asociados, son los fondos de inversión, así como los ETF’s o Trackers, que siguen diferentes índices.

La mejor recomendación será siempre buscar la asesoría de profesionales que puedan orientar al inversionista en la selección de las mejores alternativas de inversión, considerando sus intereses, su perfil de inversión y necesidades.

Por último, más allá del rendimiento esperado en este tipo de activos, hoy existen estrategias que, sin importar el tipo de inversionista que sea, agregan valor por medio de un enfoque socialmente responsable, basta detenerse a pensar en el último reporte emitido por la ONU con respecto al cambio climático para emprender la acción con inversiones sostenibles que benefician a la sociedad, al medioambiente y a las finanzas personales.

 

Rodrigo Barajas Pallares
VP I&C Sales - BBVA Asset Management
rodrigo.barajas@bbva.com