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Mercados bursátiles, ¿caros o baratos?

17 jul 2020

Cualquier cosa material que alguien se pueda imaginar tiene un valor intrínseco que suele ser medido por la materia prima que la conforma, sentimientos que genere, experiencias o utilidad que se le vaya dar. Sin embargo, ¿de qué manera se puede conocer el valor de algo y posteriormente asignar un precio justo?

Cualquier persona que salga a comer tacos, normalmente puede calificar su precio como “baratos” o “caros” de acuerdo con las experiencias que se han tenido en otros sitios similares. La noción del valor mayoritariamente proviene de la comparación. Incluso, si nunca se hubiesen comido tacos, se tendría dicha noción basada en otros tipos de comida (hamburguesas, tortas, etcétera). 

Con este ejemplo tan sencillo se puede observar que en algunos casos el valor intrínseco de algo difícilmente podrá ser establecido en términos de pesos y centavos, más bien suele ser un rango, el cual es construido utilizando las propias experiencias y percepciones. Esto quiere decir que lo que podría ser “barato” para una persona, podría resultar “caro” para otra.

En este contexto, en donde se ha establecido que el valor de algo se mide utilizando comparaciones, se puede empezar a entender el funcionamiento de los instrumentos financieros.

Actualmente se viven épocas extraordinarias en donde las tasas de interés cercanas o debajo de 0% en conjunto con estímulos fiscales, han causado que los precios de la mayor parte de activos tengan alzas importantes y que estén cotizando a valuaciones consideradas como fuera de lo “normal”.

Los grandes inversionistas, buscando entender los precios de los activos financieros realizan dos tipos de comparaciones:

El primer contraste que suelen hacer es con respecto a sus valuaciones históricas. El problema de este ejercicio es que, como ya se ha mencionado, no hay una situación similar en el pasado para poder hacer una comparativa adecuada. Es decir, comparar manzanas con manzanas. Un ejemplo claro son las acciones estadunidenses, en donde si se aplica esta metodología, se llega a la conclusión que están cotizando por encima de sus promedios históricos, lo que significaría que desde esta óptica “están caras”.

La segunda metodología que se podría hacer, a falta de experiencia en situaciones económicas similares, es cotejar respecto a otras clases de activos. Volviendo al ejemplo anterior, si se comparan las acciones de Estados Unidos, que en promedio suelen repartir dividendos cercanos al 1.8% vs bonos que tienen tasas cercanas a 0%, entonces podría llegarse a la conclusión de que tal vez “están baratas” o al menos lucen más atractivas que antes.

Lo anterior lleva a entender un poco más por qué en medio de una pandemia, con datos económicos con caídas importantes, y lo que podría considerarse como valuaciones caras, el mercado accionario ha tenido un rebote y mantiene su tendencia ascendente.

A futuro, es posible que se continúe escuchando de acciones como Tesla, Amazon o Netflix, que desde la óptica de algunas personas podrían estar sobrevaluadas, mientras que para otras todavía podrían tener el potencial para alcanzar niveles aún más altos.  Al final de cuentas existen diferentes percepciones y opiniones, lo que hace posible la interacción de compradores y vendedores en los mercados bursátiles.

Carlos Llamas Martínez
Asset Management | VP Client Strategy
carloseugenio.llamas@bbva.com

Esta es una colaboración para la columna "Finanzas para Todos" de El Economista. Consulta también la nota aquí.