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¿Cuándo convertir tu ahorro en una inversión?

Si bien ahorrar es uno de los pasos más importantes hacia una buena salud financiera, acumular dinero sin una estrategia no es lo óptimo. La idea es la de poner una meta fija siguiendo un camino planeado. Se recomienda que dependiendo del tipo de objetivo que tengas, sea el ahorro que hagas.

Hay 3 tipos de ahorro: al corto, mediano y largo plazo. Cada uno obedece diferentes objetivos. El de corto es para cosas que no requieren de mucho dinero y se recomienda que el ahorro sea de máximo un año. El de mediano plazo requiere de cantidades más altas y se aconseja un ahorro de entre uno y cinco años. El ahorro de largo plazo es aquel que requiere más de 5 años de ahorro.

Pero ¿por qué invertir el dinero de tus ahorros?

Invertir tus ahorros va encaminado a que el dinero guardado no pierda valor. Se trata de la inflación, un aumento generalizado en los precios de los bienes y servicios. 

Cuando los precios suben, los ciudadanos ven disminuido su poder adquisitivo. De hecho, significa que con la misma cantidad de dinero podremos comprar menos cosas. Por ejemplo, si se busca ahorrar con miras a tener un buen retiro, para cuando se llegue a ese momento, los precios habrán subido tanto debido a la inflación durante esos años que el dinero que se haya reunido será insuficiente para los planes que se tengan.

Es justo por esta razón que se recomienda que para aquellas metas que requieren más de un año de ahorro, se utilice un método de inversión que sea de bajo riesgo, pero que ofrezca un rendimiento por encima del promedio de inflación anual durante esos años.

Ahorrar sin invertir para una meta a largo plazo será muy complicado de realizar. Pero para identificar los tipos de inversión que te convienen deberás identificar cuál es tu perfil de inversionista que eres según el riesgo que estés dispuesto a asumir. 

Por ejemplo, si estás dispuesto a asumir pocos riesgos, tienes un perfil de inversión conservador. Debes asumir que tus inversiones no tendrán grandes rendimientos. El perfil moderado tiene como objetivo el equilibrio entre el riesgo y el rendimiento. El perfil de arriesgado es el que prioriza el rendimiento por encima de los riesgos. 

Infórmate bien sobre los productos financieros que existen en el mercado y siempre elige el que mejor se adapte a tus necesidades y objetivos. Revisa que la opción que elijas no sólo te ofrezca los mejores rendimientos, sino que además cuál de las opciones te cobra menos comisiones. Evita ahorrar sin invertir y logra tus metas financieras.